MÉXICO EN CAMINO A LA PRODUCCIÓN DE BIOTURBOSINA

MÉXICO EN CAMINO A LA PRODUCCIÓN DE BIOTURBOSINA

2 octubre, 2018 0 Por Rene Davila
También han considerado grasas animales (procedentes de rastros municipales) o aceites usados.

Existen plantas oleaginosas como la jatropha y la higuerilla, sin olvidar las microalgas.

El clúster bioturbosina es un proyecto de investigación de 4 años, su objetivo es contribuir al desarrollo de la industria de los biocombustibles de aviación en el país.

Fuente: AMC

Un grupo de nueve instituciones nacionales y dos extranjeras trabajan unidas en el primer clúster de bioturbosina mexicano que, con un presupuesto de 380 millones de pesos para cuatro años de investigación, busca contribuir al desarrollo de la industria de los biocombustibles de aviación en el país. A dos años de investigación ya se ha avanzado en el desarrollo de las fuentes de biomasa y los procesos para generar bioturbosina en los próximos años.

David Ríos Jara, responsable técnico del proyecto del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt), institución que coordina al grupo de investigación y el desarrollo de la bioturbosina, explicó que se trata de un combustible que podría contribuir a reducir las emisiones de CO2, porque proviene de materia orgánica de origen vegetal o animal y el proceso de producción es sustentable. En entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), el especialista en física de materiales informó que cada seis meses el clúster es evaluado por la Secretaría de Energía, el Conacyt y expertos en el área para asegurar que las metas establecidas se van cumpliendo, y así seguir ministrando el recurso económico.

En estos primeros años el equipo se ha enfocado en encontrar la biomasa más conveniente, la económicamente más factible y lo que ha hallado es que en el país existen plantas oleaginosas como la jatropha y la higuerilla (de donde se obtiene el aceite de ricino), que no compiten con alimentos y pueden sembrarse en zonas áridas o semi-áridas; así como  la salicornia, una halófita que crece en ambientes salinos, como las costas marinas, en donde muy pocas plantas pueden sobrevivir; sin olvidar que también han considerado microalgas. Estas investigaciones se encuentran a cargo del CIBNOR en La Paz, Baja California Sur; del CIAD en Culiacán, Sinaloa; y del propio IPICyT en San Luís Potosí. Pero los investigadores del CIDETEQ, en Querétaro, también han considerado como biomasas a grasas animales (procedentes de rastros municipales) o incluso aceites usados, como materia prima para la generación de bioturbosina.

Para la transformación de la biomasa el clúster cuenta con la participación del Instituto Mexicano del Petróleo, del CIQA en Saltillo, Coahuila; del CIATEJ en Guadalajara, Jalisco; del CIATEC en León, Guanajuato; y del CICY en Mérida, Yucatán, y en un trabajo conjunto ya se han elegido y se encuentran en desarrollo dos tecnologías de transformación. Una de estas tecnologías tiene que ver con el aprovechamiento de residuos lignocelulósicos, para aprovechar todo el bagazo de las plantas para obtener azúcares, posteriormente alcoholes y finalmente bioturbosina. La otra opción que están considerando es un proceso que parte de aceites que se extraen de oleaginosas como jatropha, higuerilla, salicornia y otras semillas. La idea es obtener el aceite y transformarlo en bioturbusina. “La razón por la que elegimos esos dos procesos es porque ambos están certificados internacionalmente”.

Para producir bioturbosina de uso comercial, se necesita pasar por un proceso de certificación internacional. En la actualidad existen cinco rutas de transformación certificadas, de las cuales el clúster mexicano decidió adoptar dos de ellas, aunque hay muchas más en espera. La otra línea de investigación importante en la que trabajan, es la que tiene que ver con el análisis del ciclo de vida de todo el proceso, porque se tiene que probar que cumplen con ciertos criterios de sustentabilidad, por ejemplo, no se pueden usar alimentos ni tierras destinadas a la producción de alimentos. Además, todo el proceso desde las plantaciones hasta el producto final, debe involucrar un ahorro de emisiones de gases de efecto invernadero, en particular de CO2.

Y, finalmente, la cuarta línea de desarrollo de este proyecto es la relacionada con el mercado, porque la convocatoria previó desde el inicio que una vez que se tuviera desarrollada la investigación, buscar las vías de comercialización, “lo que obliga a hacer todos los estudios de mercado, análisis de factibilidad económica, búsqueda de inversionistas, etcétera”.