EN LOS ÚLTIMOS DOS SEXENIOS, MÉXICO SE CONVIRTIÓ EN UN PAÍS DE VÍCTIMAS

EN LOS ÚLTIMOS DOS SEXENIOS, MÉXICO SE CONVIRTIÓ EN UN PAÍS DE VÍCTIMAS

23 mayo, 2019 0 Por Rene Davila
Las cifras nos convierten en un país de fosas.

Claudicación de políticos frente a los militares.

En este periodo las fuerzas armadas se empoderaron y cambiaron la relación con las élites civiles.

Fuente: Ibero

En los últimos 12 años, México se convirtió en un país de víctimas y las fuerzas armadas se empoderaron ante la ineficacia o negligencia de las autoridades civiles para buscar alternativas a la crisis humanitaria que azota al país, afirmaron especialistas del segundo panel ‘Seguridad ciudadana e intervención militar. Análisis de la evidencia 2006-2018’, en el marco de la “Conferencia Internacional Seguridad Ciudadana: la vía civil”.

Eliana García, activista de derechos humanos y acompañante de víctimas, afirmó ayer que son tres los ejes que evidencian lo que ha ocurrido en los últimos dos sexenios en México, pero que realmente tiene su origen en el uso de las fuerzas armadas como brazo represor del gobierno, durante la guerra sucia y el terrorismo de Estado aplicado a la disidencia, que tuvo su real ejecución a partir de Luis Echeverría. Lo que tenemos a partir de 2006, cuando se lanzó la ofensiva contra la delincuencia organizada por parte de la administración de Felipe Calderón, son víctimas, como resultado de la intervención militar en las acciones de seguridad, que a vista de los hechos se puede considerar como una estrategia fallida, pues ha provocado una serie de consecuencias que no abonan a la solución del problema.

La solución de la crisis humanitaria en México pasa por las víctimas, pues son a través de ellas que se han conseguido varias leyes para prevenir, defender y castigar todo tipo de violación. Ha sido la presión social la que ha conseguido todas estas victorias legales, aunque el problema se mantiene y no ha erradicado o al menos disminuido las cifras que nos convierten en un país de fosas, de muertos, de desaparecidos. La evidencia, arroja la existencia de la claudicación de los políticos frente a los militares; la subordinación de la clase política a la clase castrense, y el fracaso evidente de la militarización de la seguridad pública.

Anais Madeiros, postdoctorante en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sao Paulo, señaló que resulta sorprendente la relación de la clase política y los militares en América Latina, pues se da en gobiernos elegidos democráticamente. Este vínculo ha fortalecido la imagen de las fuerzas armadas en operabilidad y presupuesto, en el uso de la fuerza letal y la decisión de actuar bajo marcos muy generales. Las reformas deben ser graduales, pues en este momento es imposible que los soldados regresen a los cuarteles, con policías locales débiles, pero sí se debe definir el tipo de misiones que corresponden a las fuerzas armadas. Es vital hacer un recorte geográfico y temporal, para que no se conviertan en operativos permanentes.

Nuevas narrativas

Ernesto López Portillo, especialista en seguridad, expresó que durante varias décadas se ha construido evidencia, pero que no ha servido para crear políticas públicas y cambiar este panorama crítico. Ahora es tiempo de “construir una narrativa de la evidencia que sea relevante para todos”. Se debe luchar a nivel hiperlocal, para tener la posibilidad de trabajar y medir la implementación de modelos y estrategias en esta materia.

Julián Mejía Berdeja, presidente de Renacer Lagunero, Torreón, Coahuila, comentó que la “militarización es una consecuencia lógica del fracaso del Estado para generar desarrollo social y desarrollo económico”. Propuso que los políticos deberían considerar la figura de un auditor policial externo, y la gobernanza y participación ciudadana bajo un diseño institucional, que le permita a la sociedad tener una voz fuerte en la construcción de políticas públicas.

Mónica Serrano, investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México, explicó que la militarización y el poder del crimen organizado, son dos caras de la misma moneda. Hay un elemento que pocas veces se analiza, pero que complica el panorama de la seguridad en México: la forma en la que Estados Unidos entiende y se involucra en este tema. Hay una dependencia de las élites civiles a las fuerzas armadas, lo que deriva en un empoderamiento de éstas frente al gobierno, lo que le permite establecer sus propios términos en esta relación.